lunes, 25 de noviembre de 2013

Carta decimonovena

Dieciocho del mes de Ismael Serrano
Querida Zelda:

Siento haber tardado tanto en escribir esta carta, pero he necesitado tiempo para recomponerme del golpe y hacerme a la idea de cómo será el mundo después de… después de tus noticias. En un primer momento, de la ira y el dolor que sentí, quemé vuestra carta porque temí sufrir de locura si volvía a leerla, quizás fuera que se me nubló el juicio, pero no entendí, y aún no entiendo la decisión que te aleja de mí de este modo, que te aleja de los paseos, que me aleja de tus pasos… Desde aquello, ando loco, buscando la melodía que te congele en mi abrazo, que te retenga a mi lado, busco una excusa para que no te vayas, o para irme a tu lado… pero sé que es imposible, que no hay forma humana de que no se separen nuestros caminos, ojala el mundo nos reencontrase de otra forma, ojala en otro momento. Es tan duro imaginar que no habrá más paseos a tu lado, que no existirá un atardecer en el que se enlacen nuestras manos, nuestros cuerpos, nuestras almas. Es duro, ahora que te he tenido cerca, pensar cómo será sin ti mi vida. Espero al menos, que mantengamos el contacto, al menos la magia de las cartas, cuando de tu vida saques tiempo y cuando de la mía yo lo saque, que recibamos noticias el uno del otro, y viceversa. Ojala  girase el mundo de otra forma, ojala pudiese desanclar de su eje la tierra y por ti dar la vuelta al globo, pero no es más que palabrería, ya ves, a veces me canso de mí y de no tener valor para buscarte y cometer todo delito que este amor exija…”quieta ahí, tus labios o la vida”. Pero soy cobarde y mi mundo es muy grande, aunque seguramente nunca lleguemos a consumar lo que se intuía por las palabras he de deciros que habéis dejado en mí una huella, una huella que me acompañará por siempre, una cicatriz en el alma que me hará tenerte siempre presente, aunque no te lo haga saber ni te lo diga con frecuencia.
Por último deseo pedirte que entre los dos brindemos, brindemos por el amor y sus fracasos, quizás podamos escoger nuestra derrota.
Con gran dolor pero buenos recuerdos os mando mi más sincero abrazo.
Otelo

Posdata: siento dirigirme a ti de esta forma, pero no hubiese encontrado si no las palabras para desearos lo mejor en vuestra nueva vida. Espero y no, volver a saber de tu vida

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