Dieciocho del mes de Ismael
Serrano
Querida Zelda:
Siento haber tardado tanto en escribir esta carta, pero he
necesitado tiempo para recomponerme del golpe y hacerme a la idea de cómo será
el mundo después de… después de tus noticias. En un primer momento, de la ira y
el dolor que sentí, quemé vuestra carta porque temí sufrir de locura si volvía
a leerla, quizás fuera que se me nubló el juicio, pero no entendí, y aún no
entiendo la decisión que te aleja de mí de este modo, que te aleja de los
paseos, que me aleja de tus pasos… Desde aquello, ando loco, buscando la melodía
que te congele en mi abrazo, que te retenga a mi lado, busco una excusa
para que no te vayas, o para irme a tu lado… pero sé que es imposible, que no
hay forma humana de que no se separen nuestros caminos, ojala el mundo nos reencontrase
de otra forma, ojala en otro momento. Es tan duro imaginar que no habrá más
paseos a tu lado, que no existirá un atardecer en el que se enlacen nuestras
manos, nuestros cuerpos, nuestras almas. Es duro, ahora que te he tenido cerca,
pensar cómo será sin ti mi vida. Espero al menos, que mantengamos el contacto,
al menos la magia de las cartas, cuando de tu vida saques tiempo y cuando de la
mía yo lo saque, que recibamos noticias el uno del otro, y viceversa.
Ojala girase el mundo de otra forma,
ojala pudiese desanclar de su eje la tierra y por ti dar la vuelta al globo,
pero no es más que palabrería, ya ves, a veces me canso de mí y de no tener
valor para buscarte y cometer todo delito que este amor exija…”quieta ahí, tus
labios o la vida”. Pero soy cobarde y mi mundo es muy grande, aunque
seguramente nunca lleguemos a consumar lo que se intuía por las palabras he de
deciros que habéis dejado en mí una huella, una huella que me acompañará por
siempre, una cicatriz en el alma que me hará tenerte siempre presente, aunque
no te lo haga saber ni te lo diga con frecuencia.
Por último deseo pedirte que entre los dos brindemos, brindemos
por el amor y sus fracasos, quizás podamos escoger nuestra derrota.
Con gran dolor pero
buenos recuerdos os mando mi más sincero abrazo.
Otelo
Posdata: siento dirigirme a ti de esta forma, pero no
hubiese encontrado si no las palabras para desearos lo mejor en vuestra nueva
vida. Espero y no, volver a saber de tu vida
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