miércoles, 4 de diciembre de 2013

Carta vigésima

Dos del mes de Despedidas.
Querido y siempre dulce Otelo:

No hay nada en este mundo que me gustase más que caminar sobre mis pasos y llegar al punto antes de escribir esa carta y que lo único que hubiese anotado en ese papel fuese una hora y un día, para volver a encontrarnos. Sin embargo llegaste tarde. Es decir, ESTO llegó tarde. Las cartas, los paseos... Mi vida estaba repleta de fantasmas y uno de ellos volvió y me devoró de nuevo. Ojalá pudiese marchar tiempo atrás y simplemente correr, hacia ti, hacia tus letras, hacia tus manos. Tan sólo fue una cuestión de tiempo, y tu llegaste a mi vida cuando la decisión estaba ya tomada. Nunca esperé que fuesemos a fundar algo más que una extraña amistad. Pero lo hicimos. Construiste en mi con tu voz, y yo lo hice en ti con mi sombra. Pero cuando comienzas a hacer camino, siempre llegas a un punto de no retorno, y este acabó encontrándome a mi. Ya no tenía a dónde correr... Espero que algún día puedas comprenderlo.
Siento todo el dolor que te causé, que nos causamos...
Quizás algún día podamos retomar las cartas y quizás también los paseos. Pero hoy yo tengo que seguir andando un camino que nunca hubiera decidido si te hubiese encontrado antes.

Siempre tuya,
Zelda.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Carta decimonovena

Dieciocho del mes de Ismael Serrano
Querida Zelda:

Siento haber tardado tanto en escribir esta carta, pero he necesitado tiempo para recomponerme del golpe y hacerme a la idea de cómo será el mundo después de… después de tus noticias. En un primer momento, de la ira y el dolor que sentí, quemé vuestra carta porque temí sufrir de locura si volvía a leerla, quizás fuera que se me nubló el juicio, pero no entendí, y aún no entiendo la decisión que te aleja de mí de este modo, que te aleja de los paseos, que me aleja de tus pasos… Desde aquello, ando loco, buscando la melodía que te congele en mi abrazo, que te retenga a mi lado, busco una excusa para que no te vayas, o para irme a tu lado… pero sé que es imposible, que no hay forma humana de que no se separen nuestros caminos, ojala el mundo nos reencontrase de otra forma, ojala en otro momento. Es tan duro imaginar que no habrá más paseos a tu lado, que no existirá un atardecer en el que se enlacen nuestras manos, nuestros cuerpos, nuestras almas. Es duro, ahora que te he tenido cerca, pensar cómo será sin ti mi vida. Espero al menos, que mantengamos el contacto, al menos la magia de las cartas, cuando de tu vida saques tiempo y cuando de la mía yo lo saque, que recibamos noticias el uno del otro, y viceversa. Ojala  girase el mundo de otra forma, ojala pudiese desanclar de su eje la tierra y por ti dar la vuelta al globo, pero no es más que palabrería, ya ves, a veces me canso de mí y de no tener valor para buscarte y cometer todo delito que este amor exija…”quieta ahí, tus labios o la vida”. Pero soy cobarde y mi mundo es muy grande, aunque seguramente nunca lleguemos a consumar lo que se intuía por las palabras he de deciros que habéis dejado en mí una huella, una huella que me acompañará por siempre, una cicatriz en el alma que me hará tenerte siempre presente, aunque no te lo haga saber ni te lo diga con frecuencia.
Por último deseo pedirte que entre los dos brindemos, brindemos por el amor y sus fracasos, quizás podamos escoger nuestra derrota.
Con gran dolor pero buenos recuerdos os mando mi más sincero abrazo.
Otelo

Posdata: siento dirigirme a ti de esta forma, pero no hubiese encontrado si no las palabras para desearos lo mejor en vuestra nueva vida. Espero y no, volver a saber de tu vida

martes, 9 de julio de 2013

Carta decimoséptima

Veintitrés del mes de Neruda.

Querida Zelda:

Tras el paseo de ayer, vuelvo a tener motivos por los que escribirte y motivos por los que ansiar nuestro próximo encuentro. Y aunque me gusta la idea de concretar un paseo a la semana como en un primer momento propuse, creo que tal vez, sería mejor dejar que los encuentros vayan surgiendo, ya sean pactados o encuentros fortuitos. Aún así, espero que pronto recobres fuerzas, y al ritmo que vas, no creo que se demores mucho, y entonces seas capaz de salir tú sola y podamos encontrarnos fortuitamente en el mercado, en la plaza o en tu banco favorito del parque.
Las horas del paseo fueron fugaces, al igual que ocurrió en el anterior, aún más si tengo en cuenta esta nueva e interesante conversación que tuvimos, es curioso, pero hablar de las cosas más simples del mundo, se vuelve interesante si las palabras salen de tu boca. Yo por mi parte, espero que no te resultase demasiado aburrido el tiempo que estuve narrando la historia de la princesa Zelda y el ladrón de sueños, es una de las primeras que recuerdo y la tengo un cariño especial, recuerdo que mi padre me la contaba cuando no podía dormir. No sé porqué,  desde joven tengo un afecto especial a los personajes de esta historia, a Zelda, como siempre y como a ti, al gato de la princesa, que bosteza y bosteza, a la pobre cuidadora que siempre ha de hacer la vista gorda… cada uno a su modo tiene algo especial, incluso el chico moreno, que pese a sus malos actos, al final resulta que todo lo hacía con buena intención…
Del último paseo, ha quedado en mi marcado a fuego un recuerdo, un momento, una sensación que hacía tiempo que no tenía, si es que en algún instante la tuve… cuando comenzó la fiesta del poniente en los cerros lejanos( y lo llamo así, porque que llamarlo atardecer a tu lado sería vulgar), estábamos caminando hacia el mar en la pradera, viendo que todos los brotes habían nacido ya, y sentir como la hierba se vuelve más verde y más hierba cuando voy de tu mano, tus blancas manos, suaves como las uvas. Aunque ya han pasado muchas horas de eso, debo admitir que el simple contacto con tu piel me otorga un punto de vista diferente, como si el peso del mundo fuese menor.
Sin más demora procedo a despedirme ya que pronto amanecerá y hoy me espera una lista larga de encargos pendientes, no sabes cuánto desearía que la gente fuese más cuidadosa y no tuviese yo que andar remendando sus destrozos… aunque claro por otro lado, no me gustaría verme desempleado.
Mis más sinceros besos.


PD: he decidido de prescindir del muchacho del mercado, que debe estar ya harto de nosotros, esta carta, te la entregaré yo mismo.

Carta decimosexta

Veintiuno del mes de Neruda
Querida Zelda:

Escribo solo para deciros que accedo a la cita de mañana. Donde la última vez, y a la misma hora.

Con enormes ganas de nuestro reencuentro.

lunes, 24 de junio de 2013

Carta decimoquinta

Diecinueve del mes de Neruda.
Querido y anhelado Otelo:
     Ciertamente maravilloso y único son palabras que definen a la perfección nuestro pasado encuentro. Me gustaría, antes que nada, fijar una fecha para nuestro próximo paseo. ¿Qué os parecería encontrarnos en el mismo lugar dentro de un par de días. ¿El veintidós del mes? Serán tres días de eterna espera por las historias de Zelda y por vos.
     Pero antes de ello quiero contaros unas pequeñas gotas a cerca de mi pasado, no sé si una vez que nos veamos sea capaz de contároslas porque me apetecerá escucharos a vos y por que querré disfrutar de la felicidad que me transporta cuando nos vemos y no empañarla con tristes y oscuros recuerdos. el caso es que, en resumidas cuentas, mi padre murió hace ya cinco años, como os comenté en una de nuestras primeras cartas. Pero pese a ser un golpe muy duro tanto para mi madre como para mi, lo peor vino después. Tiempo después mi madre se volvió a casar, fue un asunto no de amor, si no que fue una consecuencia de la soledad. Hay veces que los seres humanos hacemos esas cosas, todos odiamos estar a solas a ratos y esos ratos son los que nos llevan a cometer estupideces. El caso fue que ese hombre provocó en mi familia el mayor caos que un hombre puede provocar. 
     No era un buen hombre, ni siquiera tenía unas manos bonitas, ni una sonrisa bonita. Tenía unos ojos de demonio, pero mi madre se sentía demasiado sola como para que le importase, se sentía demasiado sola como para rechazarle. Y no la culpo por ello.
     Ese hombre provocó en mi familia uno de esos escándalos que quedan sólo de puertas a dentro, uno de esos en los que el hombre deja embarazada a la mujer equivocada y de los que nada puede saberse al otro lado de las cortinas. Como dije, él era un hombre malo que creó un bebé que no nacería del amor, precisamente.
     El caso es que rompió algo dentro de mi familia y mi madre no pudo soportarlo de manera que este hombre desapareció de nuestras vidas para no volver y ella tuvo que aceptar de nuevo la soledad como su mejor compañera.
     Os cuento esto porque quiero alzarme en las últimas cadenas que me aten, quiero dejar de guardar silencio, quiero dejar de callar con vos. Y quiero que conozcas que lo que encierran las cortinas de mi casa no es sólo tristeza, si no el nacimiento de un odio inmenso. 
     Todo lo que este hombre provocó no te lo voy a contar aquí, no ahora, pero esa visita de hace un par de semanas está relacionada con ello. Esa visita que nunca debió de ser una mala visita puesto que él fue el hombre más cobarde del mundo, pero al que más he amado en toda mi eterna existencia.

    No estoy del todo segura de haber hecho bien con estas confesiones, pero sentía que debía de contártelas, cada cosa que me guardo, cada historia que no te dejo conocer pesa sobre mi como una terrible mentira.
     Espero que, aunque no me veáis del mismo modo, sigáis queriendo verme.
Con el mismo creciente amor que siempre.
Zelda.

jueves, 30 de mayo de 2013

Carta decimocuarta

Catorce del mes de Neruda.

Mi querida e increíble Zelda:

   Fue tan maravilloso el paseo, fue todo tan único… y recibir ahora esta carta, con estas palabras de vos aviva en mi el deseo de veros de nuevo. He de pediros perdón por la forma en que os conté lo de mi hijo, pero necesitaba que lo supieseis, para que esto, sea lo que sea que estamos creando, tenga una base sólida sin fugas ni esclusas, sin excusas.
   He de reconocer, que sentí lo mismo al veros, si bien apenas tenía dudas, en décimas de segundos todas las pequeñas sombras se disiparon, no hubo oscuridad ni noche, y fuiste toda de luz, fuiste para mí una mariposa morena, dulce y definitiva, como el trigal y el sol, la amapola y el agua. Y a raíz de esto, debo reprimiros por vuestra propia descripción, ya que fuisteis demasiado injusta con vuestro propio reflejo; Frente a frente y sin cortinas, eres aún más bella de lo que pude imaginar.
   Ansió cada día saber más de vos, conoceros, saberos bien por dentro, pues he de confesar que desde que desvelasteis algunos de vuestros misterios no ha surgido otra sensación en mi que la de conoceros aún más y me golpean millones de incógnitas, pero, a sabiendas del regalo que supone que me desveléis vuestro pasado y vuestras emociones esperaré a que por vuestra propia voluntad vayáis añadiendo piezas a este puzle. Solo vos podéis hacer que los rompecabezas cobren sentido, tanto los suyos como los míos.
   Es cierto, viví dos terribles amores, magníficos a su modo, uno de ellos ya lo conocéis, del otro… del otro aún no puedo hablaros, no es por vos, es por la tristeza que tienen mis palabras cuando vuelven a mi memoria sus recuerdos, aunque es cierto que día a día se van tiñendo con tu amor mis palabras, y que algún día el recuerdo de las voces no será más que un eco lejano que alguna vez creí escuchar.
   No os disculpéis por la brevedad del paseo, porque aunque breve, fue intenso, y tampoco pidáis perdón por todo lo que aún no sé de vos, pues siempre creí que es mejor dejar que las historias se vayan desenterrando poco a poco… cuando sintáis la libertad y el deseo de narrarme vuestras historias aquí estaré para escucharlas. Yo por mi parte, prometo en el siguiente paseo narraros una historia de la princesa Zelda, una que habla de las calumnias de una bruja para destruir a una princesita, que nunca necesito un príncipe, y nunca me necesito a mí.
   Sin más dilación me despido, con esta historia como cebo, para que propongáis día y hora para el siguiente encuentro.


Mis más sinceros besos con el corazón latiente.