Catorce del mes de Neruda.
Mi querida e increíble Zelda:
Fue tan maravilloso el paseo, fue todo tan único… y recibir ahora
esta carta, con estas palabras de vos aviva en mi el deseo de veros de nuevo.
He de pediros perdón por la forma en que os conté lo de mi hijo, pero
necesitaba que lo supieseis, para que esto, sea lo que sea que estamos creando,
tenga una base sólida sin fugas ni esclusas, sin excusas.
He de reconocer, que sentí lo mismo al veros, si bien apenas
tenía dudas, en décimas de segundos todas las pequeñas sombras se disiparon, no
hubo oscuridad ni noche, y fuiste toda de luz, fuiste para mí una mariposa
morena, dulce y definitiva, como el trigal y el sol, la amapola y el agua. Y a
raíz de esto, debo reprimiros por vuestra propia descripción, ya que fuisteis
demasiado injusta con vuestro propio reflejo; Frente a frente y sin cortinas,
eres aún más bella de lo que pude imaginar.
Ansió cada día saber más de vos, conoceros, saberos bien por
dentro, pues he de confesar que desde que desvelasteis algunos de vuestros
misterios no ha surgido otra sensación en mi que la de conoceros aún más y me golpean
millones de incógnitas, pero, a sabiendas del regalo que supone que me
desveléis vuestro pasado y vuestras emociones esperaré a que por vuestra propia
voluntad vayáis añadiendo piezas a este puzle. Solo vos podéis hacer que los
rompecabezas cobren sentido, tanto los suyos como los míos.
Es cierto, viví dos terribles amores, magníficos a su modo,
uno de ellos ya lo conocéis, del otro… del otro aún no puedo hablaros, no es
por vos, es por la tristeza que tienen mis palabras cuando vuelven a mi memoria
sus recuerdos, aunque es cierto que día a día se van tiñendo con tu amor mis
palabras, y que algún día el recuerdo de las voces no será más que un eco
lejano que alguna vez creí escuchar.
No os disculpéis por la brevedad del paseo, porque aunque
breve, fue intenso, y tampoco pidáis perdón por todo lo que aún no sé de vos,
pues siempre creí que es mejor dejar que las historias se vayan desenterrando
poco a poco… cuando sintáis la libertad y el deseo de narrarme vuestras
historias aquí estaré para escucharlas. Yo por mi parte, prometo en el
siguiente paseo narraros una historia de la princesa Zelda, una que habla de
las calumnias de una bruja para destruir a una princesita, que nunca necesito
un príncipe, y nunca me necesito a mí.
Sin más dilación me despido, con esta historia como cebo,
para que propongáis día y hora para el siguiente encuentro.
Mis más sinceros besos
con el corazón latiente.