jueves, 30 de mayo de 2013

Carta decimocuarta

Catorce del mes de Neruda.

Mi querida e increíble Zelda:

   Fue tan maravilloso el paseo, fue todo tan único… y recibir ahora esta carta, con estas palabras de vos aviva en mi el deseo de veros de nuevo. He de pediros perdón por la forma en que os conté lo de mi hijo, pero necesitaba que lo supieseis, para que esto, sea lo que sea que estamos creando, tenga una base sólida sin fugas ni esclusas, sin excusas.
   He de reconocer, que sentí lo mismo al veros, si bien apenas tenía dudas, en décimas de segundos todas las pequeñas sombras se disiparon, no hubo oscuridad ni noche, y fuiste toda de luz, fuiste para mí una mariposa morena, dulce y definitiva, como el trigal y el sol, la amapola y el agua. Y a raíz de esto, debo reprimiros por vuestra propia descripción, ya que fuisteis demasiado injusta con vuestro propio reflejo; Frente a frente y sin cortinas, eres aún más bella de lo que pude imaginar.
   Ansió cada día saber más de vos, conoceros, saberos bien por dentro, pues he de confesar que desde que desvelasteis algunos de vuestros misterios no ha surgido otra sensación en mi que la de conoceros aún más y me golpean millones de incógnitas, pero, a sabiendas del regalo que supone que me desveléis vuestro pasado y vuestras emociones esperaré a que por vuestra propia voluntad vayáis añadiendo piezas a este puzle. Solo vos podéis hacer que los rompecabezas cobren sentido, tanto los suyos como los míos.
   Es cierto, viví dos terribles amores, magníficos a su modo, uno de ellos ya lo conocéis, del otro… del otro aún no puedo hablaros, no es por vos, es por la tristeza que tienen mis palabras cuando vuelven a mi memoria sus recuerdos, aunque es cierto que día a día se van tiñendo con tu amor mis palabras, y que algún día el recuerdo de las voces no será más que un eco lejano que alguna vez creí escuchar.
   No os disculpéis por la brevedad del paseo, porque aunque breve, fue intenso, y tampoco pidáis perdón por todo lo que aún no sé de vos, pues siempre creí que es mejor dejar que las historias se vayan desenterrando poco a poco… cuando sintáis la libertad y el deseo de narrarme vuestras historias aquí estaré para escucharlas. Yo por mi parte, prometo en el siguiente paseo narraros una historia de la princesa Zelda, una que habla de las calumnias de una bruja para destruir a una princesita, que nunca necesito un príncipe, y nunca me necesito a mí.
   Sin más dilación me despido, con esta historia como cebo, para que propongáis día y hora para el siguiente encuentro.


Mis más sinceros besos con el corazón latiente.

martes, 21 de mayo de 2013

Carta decimotercera


Nueve del mes de Neruda

Mi querido y dulce Otelo

He de confesaros que la noticia de vuestro hijo me descolocó en sobre manera y estuve a nada de no acudir al encuentro. No es fácil decir estas palabras en persona y me alegro de no haber renunciado a conoceros.

La tarde del sábado fue la más maravillosa en meses, diría que en años.... Sus manos son tal y como las imaginaba, firmes y delicadas, dulces y fuertes al mismo tiempo, igual que su voz. Pero no esperaba así sus ojos. Comprendo ahora muchos de sus misterios Otelo, después de perderme en su mirada siento que lo entiendo todo. Creo que mi enfado se evaporó al instante cuando estas realidades me golpearon en el pecho. Y siento, como os dije ayer, que estoy cayendo en la más maravillosa locura.

Siento que todo esto, todas estas palabras se me escurren entre los dedos queriendo salir y no, escapándose de mi. Palabras que antes que tú poblaron la soledad que ocupas, palabras que están acostumbradas más que tú a mi tristeza. Lamento todos mis silencios de ayer, la verdad es que por aquí me resulta mucho más fácil hablar de mi, de nosotros. Pero debes de saber que el hecho de que te hablase de mi pasado es la mayor prueba que puedo daros de mi afecto. Desenterrar las historias que os conté no fue nada fácil y, sin embargo, lo hice por vos, por que no quiero que termine esta correspondencia.

No me atreví a preguntaros cuando fue ese cruel rechazo, si antes o después de que tuvieseis a vuestro hijo. No me hablasteis de vuestros amores, pero puedo deducir que habéis vivido dos, dos intensos amores que terminaron en diferentes tragedias. Yo, como os confesé, tan sólo puedo adjudicarme uno y me gustaría poder comenzar a contar en plural, Otelo.

Quiero pediros disculpas por la brevedad del paseo, pese a que mi salud mejora con cada carta, siempre existen recaídas y el sábado, como os dije, me costó asistir.

Quisiera también confesaros una cosa, pero temo que aún no sea el tiempo y que esta confesión os arrancase tinta y papel de vuestras manos para jamás volver a saber de vos. Sé que debo confesaros el origen de mi tristeza, de mi debilidad, pero antes quiero estar segura de vos, segura de que sus cartas nunca cesarán, segura de que mis miedos no se repetirán jamás.

También te debo la historia final de mi familia y de la soledad de mi hogar, del por qué de la ausencia de una figura masculina en él. Pero aún no es el tiempo y sólo llegará después de que me contéis las historias de Zelda. Me debéis demasiadas historias como para que yo comience a contaros las mías.

Así que os regalo toda esta incertidumbre con la promesa de que quizás en nuestro próximo encuentro os lo desvele.

Con más que creciente amor.

Zelda.

domingo, 12 de mayo de 2013

Carta duodécima


Treinta del mes de Benedetti.
Estimada Zelda:
                 
Me alegra que os sinceréis conmigo de esta forma, y me gustaría saber más sobre el pasado del que me habláis y he de decir que humanamente entiendo que sintierais miedo, lo que no entiendo es que no me avisaseis o me pidieseis más tiempo para que se produjese nuestro encuentro.
Lamento comunicaros que me resultará imposible acudir a la cita este sábado, ya que tendré que salir de la ciudad desde mañana mismo hasta el martes cuatro, el de la semana que viene; Para que entendáis mi ausencia, debo explicaros algo, más bien, debo confesaros algo… tengo un hijo de seis años.
La historia se remonta a hace ya casi ocho años… conocí a una joven en un pueblecito de las afueras de la ciudad y tras varios meses de romance nos casamos. Un año después nació nuestro pequeño retoño; Y confieso que estos fueron los tiempos más felices de mi vida. Pero por desgracia, la felicidad no duro mucho tiempo, pues mi mujer enfermó gravemente por causas que los médicos no pudieron determinar y murió a las pocas semanas. En su última voluntad me pidió que nuestro pequeño hijo se criase en la granja donde ella había crecido, en la que residían y aún residen sus padres. Para mi resultaba muy duro vivir allí, ya que todo me recordaba a ella, así que decidí huir del lugar pero por el respeto que la profesaba no pude traer conmigo a mi hijo, y lo deje al cuidado de sus abuelos. Intento ir a menudo a visitarle, y esta vez lo hago porque mis suegros se van de vacaciones y debo encargarme del niño y asegurarme que vaya al colegio.
Así pues, lamento no poder asistir a nuestra cita el próximo sábado, pero tengo compromisos ineludibles como podéis observar, os propongo entonces, quedar el próximo sábado ocho bajo las mismas condiciones sobre el lugar y la hora. Esperaré impaciente a mi regreso encontrar una carta en la que confirméis vuestra asistencia para dicho día.
Con gran cariño y deseo de veros.

jueves, 2 de mayo de 2013

Carta undécima




Veintisiete del mes de Benedetti.
Querido Otelo:

Lamento enormemente no haber acudido a la cita del sábado pasado y siento mucho no tener excusa para ello. Fue más fuerte en mi el miedo ante esta “sinrazón” que las ansias de verte y de verdad que no son pocas las ganas que tengo por saber quién se esconde detrás de esas letras.
Esta semana de atrás recibí una visita del pasado, una visita que desordenó completamente mi mundo y hoy a penas estoy recomponiéndome. Se trata de alguien que creí haber desterrado de mi presente, aunque parece que no lo despedí como debiera. Pero puedes estar tranquilo Otelo porque esta vez estoy clara en que voy a despedirle, no sé por qué no lo hice antes y esta vez quedará desterrado no sólo de mi presente y de mi futuro, si no también de mi pasado. ¿No te ha ocurrido nunca que te descubres un día desnudo ante tu propio vacío y piensas que sólo aquellos fantasmas, por aterradores que hayan sido, pueden sacarte adelante? Era en eso en lo que andaba mi cerebro, debatiéndose a puñetazo limpio con mi corazón entre acudir y no a tu cita, entre dar un paso hacia delante o hundirme aún más hondo en el pozo sin fondo que era aquel vacío, aquel recuerdo.
Pero, finalmente, decidí seguir, te decidí a ti, a nuestros futuros paseos, decidí nunca más mirar hacia atrás salvo que seas tu quien me pregunte. Porque para ti no quiero secretos, ni mentiras, ni más miedos. Contigo quiero más bien fundar un sueño. Aunque primeramente quiero que aceptes mis disculpas.
Si aún anhelas verme, quedemos en el mismo sitio, a la misma hora y el mismo día de la semana, aunque sea algo tarde tarde. Aún nos queda nuestro segundo intento. Y espero que en el puedas por fin contarme todas las historias que me debes, mi dulce y siempre fiel Otelo.

Con arrepentido sentimiento.
Zelda.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Carta décima



Veintitrés del mes de Benedetti


Buenas tardes Zelda:

                El pasado sábado  no acudiste a la cita y no he podido pensar en otra cosa desde entonces. Si en algún momento mis palabras os ofendieron lo siento y deseo disculparme.

Espero vuestra contestación.

Un cordial saludo.