Diecisiete del mes de
Benedetti
Buenas tardes anhelada Zelda:
Me agrada y me conmueve
la idea de mantener Zelda y Otelo como nuestros nobres, además me
llega al corazón que estas cartas os hayan llegado tan hondo que
deseéis que queden siempre enlazadas y como nuestros nuevos nombres,
que nadie las corrompa.
Poco entiendo de sueños
o de su interpretación así que su significado es un enigma que por
ahora no puedo resolver; os debéis conformar por el momento con que
os confiese que una vez fui rechazado cruelmente por una mujer, pero
no le había pedido matrimonio. El miedo de morir ahogado, supongo,
que es el mismo que tengo a morir de cualquier otra forma, así que
no creo que sea eso lo que atormenta mi subconsciente.
Me entristece saber que
tienes problemas para conciliar el sueño, supongo que tu almohada
tiene un pozo donde ajustas la nunca y en las noches amargas
hundes ojos y lágrimas, lo único que puedo hacer, es desearos
que tengáis una buena noche y que sintáis con esta carta mi
presencia, para afrontar el insomnio y las pesadillas.
Llevo cierto tiempo pensando, desde que vos sabéis, gracias a mis velas, donde vivo, y yo
sé donde vivís y quien sois, o al menos quien creo que sois, que es
absurda la espera para conocernos en persona pues, antes o después,
vuestros ojos, que se esconden tras los cristales y las cortinas,
acabarán por toparse con los míos; así que no puedo hacer otra
cosa que citaros este mismo sábado en la fuente de la plaza Zelmar.
Allí os esperaré desde el momento en que suenen las campanas, y así
podremos descubrir qué clase de personajes somos, si el terror y el
embriago que sentís tienen razón de ser.
Con nerviosismo y con ganas de conoceros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario