jueves, 11 de abril de 2013

Carta octava


Catorce del mes de Benedetti
Buenas tardes mi dulce Otelo.
A mi me ocurre algo similar con estas cartas. El momento del día en el que las recibo es, con diferencia, el mejor. Y más cuando leo en ellas que las anhelas tanto como yo.
No puedo por menos que reprenderos, Otelo, siempre me acabaís debiendo historias, y me las tendréis que pagar todas. Esperaré esos cuentos a cerca de Zelda. A veces pienso en que sería bonito que nuestros nombres fuesen siempre estos, Zelda y Otelo, nuestra historia única, lejos de todo lo que pudiera llegar a corromperla, a deshacerla.
Aquello de la soledad es una gran dolencia, dolencia que ambos padecemos y creo que podríamos compartir nuestras historias, quizás no por aquí, quizás no ahora, pero en algún momento quisiera que me relatases el duelo que te callas. Después de todo tu estás solo y yo estoy sola, y a veces puede la soledad ser una llama.
No conozco nada a cerca del significado de los sueños, pero los cuervos no presagian nada bueno, jamás un cuervo fue portador de buenas noticias. Me llama la atención en tu sueño el anillo do mujer rodando por el suelo... ¿Acaso alguna mujer rechazó su proposición de matrimonio? ¿Tenéis miedo del agua o de la posibilidad de morir ahogado? Son muchos los interrogantes que me plantea este sueño y espero que podáis respondermelas todas, no me gusta tanta incertidumbre y me debéis ya demasiadas respuestas.
Conseguí dormir sí, pero a ratos tan sólo, sin sueños ni pesadillas, sólo el silencio de esta oscura habitación. Ojalá hubiese sentido el calor de las velas que enciendes, aquí, en mi propia habitación, un calor que pasaría a ser mío y ya nunca más sería únicamente tuyo, si no nuestro.
Tengo ganas de conoceros Otelo, pero no sé si únicamente somos dos personajes perdidos de un cuento que buscan encontrar su semejante, dos personajes con demasiada vida sobre sus hombros como para conformarse con la cordura. Cada carta que recibo me aterra y embriaga al mismo tiempo.
Hoy pensaré en ti antes de irme a dormir, en tí Otelo, en tí al que siento tan cerca y casi a un océano de distancia al mismo tiempo. Y cruzaré los dedos porque esta noche no sea mi almohada la que elija mis sueños.
Con toda la ternura que hoy día puedo dedicaros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario