Catorce
del mes de Benedetti
Buenas
tardes mi dulce Otelo.
A
mi me ocurre algo similar con estas cartas. El momento del día en el
que las recibo es, con diferencia, el mejor. Y más cuando leo en
ellas que las anhelas tanto como yo.
No
puedo por menos que reprenderos, Otelo, siempre me acabaís debiendo
historias, y me las tendréis que pagar todas. Esperaré esos cuentos
a cerca de Zelda. A veces pienso en que sería bonito que nuestros
nombres fuesen siempre estos, Zelda y Otelo, nuestra historia única,
lejos de todo lo que pudiera llegar a corromperla, a deshacerla.
Aquello
de la soledad es una gran dolencia, dolencia que ambos padecemos y
creo que podríamos compartir nuestras historias, quizás no por
aquí, quizás no ahora, pero en algún momento quisiera que me
relatases el duelo que te callas. Después de todo tu
estás solo y yo estoy sola, y a veces puede
la soledad ser una llama.
No
conozco nada a cerca del significado de los sueños, pero los cuervos
no presagian nada bueno, jamás un cuervo fue portador de buenas
noticias. Me llama la atención en tu sueño el anillo do mujer
rodando por el suelo... ¿Acaso alguna mujer rechazó su proposición
de matrimonio? ¿Tenéis miedo del agua o de la posibilidad de morir
ahogado? Son muchos los interrogantes que me plantea este sueño y
espero que podáis respondermelas todas, no me gusta tanta
incertidumbre y me debéis ya demasiadas respuestas.
Conseguí
dormir sí, pero a ratos tan sólo, sin sueños ni pesadillas, sólo
el silencio de esta oscura habitación. Ojalá hubiese sentido el
calor de las velas que enciendes, aquí, en mi propia habitación, un
calor que pasaría a ser mío y ya nunca más sería únicamente
tuyo, si no nuestro.
Tengo
ganas de conoceros Otelo, pero no sé si únicamente somos dos
personajes perdidos de un cuento que buscan encontrar su semejante,
dos personajes con demasiada vida sobre sus hombros como para
conformarse con la cordura. Cada carta que recibo me aterra y
embriaga al mismo tiempo.
Hoy
pensaré en ti antes de irme a dormir, en tí Otelo, en tí al que
siento tan cerca y casi a un océano de distancia al mismo tiempo. Y
cruzaré los dedos porque esta noche no sea mi almohada
la que elija mis sueños.
Con
toda la ternura que hoy día puedo dedicaros.
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