jueves, 14 de marzo de 2013

Carta Cuarta

Veintidós del mes de Bécquer.
Buenos días mi intrigante Otelo:
               
   Me alegra mucho saber de vos y saber que mis letras han influido positivamente en sus días, jamás imaginé que serías sastre, profesión muy delicada, por cierto, manos hábiles y vista de pájaro debéis de tener. La verdad es que por vuestro atrevimiento no habría pensado que fueseis sastre, comerciante quizás, periodista tal vez, pero no sastre.      
    Lamento enormemente lo de su hermana, por vivencias personales conozco lo que es enviudar , no porque me haya ocurrido a mí, pero mi madre pasó por el mismo dolor y aún creo que no logró superarlo del todo… Algunas noches la oigo levantarse y salir al jardín, donde sé que pasa horas llorando. Pero sé que mientras haya en el mundo primavera existirá una posibilidad de felicidad para un corazón afligido.    
   Aunque preferiría conocer vuestro nombre, me conformo con que ambos permanezcamos en el anonimato. Deberás, por lo tanto, llamarme con algún pseudónimo, aunque Lena no me disgusta, algunas personas han llegado a llamarme así; pero ya hace mucho tiempo de ello.  Respecto a mi belleza, os ruego que no os hagáis ilusiones, al fin y al cabo tan solo tenéis una imagen idealizada de mi rostro y no conocéis las proporciones que lo conforman, ni si se ajustan al canon de belleza que hoy día está vigente.          
   Mi enfermedad creo que recibe el nombre común de Tristeza, pero no es una tristeza normal, de esa que te hace llorar y desangrar todo el dolor, no. Esta tristeza que padezco es de las que atenazan el corazón, de las que oprimen sin dejar expulsar nada, concentrando el dolor dentro de uno mismo.   Hace tiempo, largo tiempo, que no salgo a contemplar el sol, ni a dejar bañarme por su luz puesto que mi cuerpo está cansado, cansado de la vida y del dolor y son pocos los esfuerzos que me permite hacer. Amaba dar largos paseos por el jardín, paseos de horas, de tardes dedicadas únicamente a hacer camino y hoy no puedo ni tan siquiera andar durante media hora sin querer sentarme, sin necesitarlo. Esta Tristeza que me atenaza ha consumido casi toda mi vitalidad y esa que me queda créeme que la plasmo entera en estas cartas. Le regalaría encantada esos paseos, siendo de su mano creo que tendría la fuerza suficiente como para continuar un poco más, su compañía me haría mucho bien. Hay días que creo volverme loca y busco desesperada la compañía de cualquiera por la casa porque tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas, nunca sé que recuerdos piensa traerme.
   Deseo intensamente escuchar esa voz grave y profunda, por como la describís me recuerda a la de mi padre, voz cálida y firme.
   No es cierto que encendierais dos velas,  eso o el sueño me alcanzó antes de llegar a contemplarlas. Me gustaría que cada noche volváis a hacerlo, si no os causa demasiada molestia y así asegurarme de que sois vos el que permanece despierto en aquella ventana y sentir así mismo su cercanía.
   Yo también tengo ganas de conoceros, pero considero que es demasiado pronto, aún quiero saber más de usted, mi Otelo querido.
                Con cariño creciente pero aún sin deseo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario