Veintidós del mes de Bécquer.
Buenos días mi intrigante Otelo:
Me alegra mucho saber de vos y saber que mis letras han influido
positivamente en sus días, jamás imaginé que serías sastre, profesión
muy delicada, por cierto, manos hábiles y vista de pájaro debéis de
tener. La verdad es que por vuestro atrevimiento no habría pensado que
fueseis sastre, comerciante quizás, periodista tal vez, pero no
sastre.
Lamento enormemente lo de su hermana, por vivencias personales conozco
lo que es enviudar , no porque me haya ocurrido a mí, pero mi madre pasó
por el mismo dolor y aún creo que no logró superarlo del todo… Algunas
noches la oigo levantarse y salir al jardín, donde sé que pasa horas
llorando. Pero sé que mientras haya en el mundo primavera existirá una posibilidad de felicidad para un corazón afligido.
Aunque preferiría conocer vuestro nombre, me conformo con que ambos
permanezcamos en el anonimato. Deberás, por lo tanto, llamarme con algún
pseudónimo, aunque Lena no me disgusta, algunas personas han llegado a
llamarme así; pero ya hace mucho tiempo de ello. Respecto a mi belleza,
os ruego que no os hagáis ilusiones, al fin y al cabo tan solo tenéis
una imagen idealizada de mi rostro y no conocéis las proporciones que lo
conforman, ni si se ajustan al canon de belleza que hoy día está
vigente.
Mi enfermedad creo que recibe el nombre común de Tristeza, pero no es
una tristeza normal, de esa que te hace llorar y desangrar todo el
dolor, no. Esta tristeza que padezco es de las que atenazan el corazón,
de las que oprimen sin dejar expulsar nada, concentrando el dolor dentro
de uno mismo. Hace tiempo, largo tiempo, que no salgo a contemplar el
sol, ni a dejar bañarme por su luz puesto que mi cuerpo está cansado,
cansado de la vida y del dolor y son pocos los esfuerzos que me permite
hacer. Amaba dar largos paseos por el jardín, paseos de horas, de tardes
dedicadas únicamente a hacer camino y hoy no puedo ni tan siquiera
andar durante media hora sin querer sentarme, sin necesitarlo. Esta
Tristeza que me atenaza ha consumido casi toda mi vitalidad y esa que me
queda créeme que la plasmo entera en estas cartas. Le regalaría
encantada esos paseos, siendo de su mano creo que tendría la fuerza
suficiente como para continuar un poco más, su compañía me haría mucho
bien. Hay días que creo volverme loca y busco desesperada la compañía de
cualquiera por la casa porque tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas, nunca sé que recuerdos piensa traerme.
Deseo intensamente escuchar esa voz grave y profunda, por como la describís me recuerda a la de mi padre, voz cálida y firme.
No es cierto que encendierais dos velas, eso o el sueño me alcanzó antes de llegar a contemplarlas. Me gustaría que cada noche volváis a hacerlo, si no os causa demasiada molestia y así asegurarme de que sois vos el que permanece despierto en aquella ventana y sentir así mismo su cercanía.
Yo también tengo ganas de conoceros, pero considero que es demasiado pronto, aún quiero saber más de usted, mi Otelo querido.
Deseo intensamente escuchar esa voz grave y profunda, por como la describís me recuerda a la de mi padre, voz cálida y firme.
No es cierto que encendierais dos velas, eso o el sueño me alcanzó antes de llegar a contemplarlas. Me gustaría que cada noche volváis a hacerlo, si no os causa demasiada molestia y así asegurarme de que sois vos el que permanece despierto en aquella ventana y sentir así mismo su cercanía.
Yo también tengo ganas de conoceros, pero considero que es demasiado pronto, aún quiero saber más de usted, mi Otelo querido.
Con cariño creciente pero aún sin deseo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario