sábado, 16 de marzo de 2013

Carta quinta


Dos del mes de Benedetti.
Buenas tardes Zelda:

   Os llamo Zelda porque cuando era pequeño mi padre solía narrarme historias sobre una princesa llamada así, además, no me parecería correcto llamaros Lena si con anterioridad os llamaron así, ya que no me gustaría ocupar en vuestra memoria el recuerdo de un antiguo amor o una antigua amistad, pero si no os gusta el nombre que elegí, puedo buscar otro con el que llamaros. Os diré que cada día me agrada más el nombre de Otelo, cada una de sus letras me recuerda estas cartas.
   Lamento mucho lo de vuestra madre, sé lo arduo que puede llegar a ser ver a un ser querido henchido de dolor y pena y no poder hacer nada para solucionarlo, espero que algún día vuestra madre encuentre las fuerzas para continuar.
   Debo deciros que jamás estuve de acuerdo con los cánones sociales de belleza, no me fije nunca en las mujeres por su belleza, si no por su magia, sus pequeños gestos, sus sonrisas que hacen que se conviertan en arcoíris, y usted, podría ser todos los colores del mundo; Y me atrevo a reafirmarme en esto a pesar de conocer sólo vuestra descripción y la sombra que se peina cada noche; esa sombra, a la que miro y muero, y peor que muero, si no te miro amor, si no te miro
   Sé de esa enfermedad de la que habláis, más de lo que me gustaría tal vez, y no puedo aconsejaros otra cosa que luchar contra ella. Si dejáis constantemente que la soledad y la tristeza os atrapen con su fría garra, desolarán vuestro corazón y vuestra alma, debéis anteponeros y seguir caminando; Si algún día la pena sale de vuestro cuerpo, desearía que paseaseis junto a mí por  el jardín botánico, si lo hacéis prometo enseñaros mi rincón favorito, justo  a la izquierda del roble. Aunque respeto vuestra decisión de esperar más tiempo, sé que por mis palabras puedo no parecer de fiar y deseo que el día que me deis vuestra mano para pasear estéis completamente convencida de ello.
  Por último deciros que seguramente el sueño os atrapó antes de que yo fuese capaz de encender las velas, tuve un compromiso que no pude eludir de ningún modo y me demoró más de lo que hubiese deseado, como compensación encenderé cada noche las velas, siempre que no exista una fuerza mayor que me lo impida. Este será nuestro pacto, cada noche que yo sea capaz de encender las velas antes de que os durmáis, vos dedicaréis al menos cinco segundos a peinaros, para asegurarme de que las visteis. Y hablando de anticiparme al sueño, no puedo evitar preguntarme si es que vos soñáis, yo hace mucho tiempo que no sueño, o al menos no sueño nada feliz, sólo cuando sueño con vuestras cartas despierto alegre, el resto del tiempo antiguas pesadillas me atormentan.

Con ardientes ganas de conoceros y por supuesto con este creciente amor.


Posdata: anticipándome a mis propios actos, deseo pedir perdón por que esta noche volveré a demorarme al encender las velas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario