Siete
del mes de Benedetti.
Buenas
tardes mí estimado Otelo:
Hace
unos días comencé a impacientarme al no recibir vuestra carta y
temí que os hubiera pasado algo o incluso, que os hubierais cansado
de escribirme. Me alegra saber que estaba equivocada en ambas, pero
quisiera conocer el motivo que os ha llevado a retrasaros en
contestarme.
El
nombre de Zelda no me disgusta, pues jamás escuché ninguna de sus
historias, así que tenéis el deber de relatarme al menos una de
ellas en vuestra próxima carta y así conocer algo de aquella
princesa con la que me asociáis. Aprenderé a querer este nuevo
nombre por el simple hecho de que parte de aquí.
Si,
ciertamente me resulta muy duro verla en ese estado, del que parece
que voy bebiendo día a día. Después de todo lo que ella fue,
después de la fuerza con la que se encaraba al mundo, ver
su rabia tan sumisa, tan débil, tan humilde, me rompe por
dentro y a ella también. Hay veces que siento como nos consumimos la
una a la otra y siento que no deberíamos de estar juntas nunca más,
si queremos sobrevivir.
No
sabéis lo que decís Otelo, jamás habéis visto mi risa y mucho
menos la habéis escuchado. ¿Quién os dice que mis dientes no se
han oscurecido con los años, o peor aún, quien os asegura que no se
me han caído? Aún no conocéis mi edad y puede que mi voz se haya
truncado y mi risa, lejos de ser una nota cantarina sea como los
chirridos de las ruedas de una locomotora. Supongo que para desvelar
ese misterio tan sólo puedes esperar a que nos veamos, cuando sea el
tiempo para ello.
Encantada,
de vuestro brazo, pasearía por el jardín
botánico con vos, porque, aunque quizás esté sólo
delirando, siento que en la
calle, codo a codo somos mucho más que dos. Y desearía
pasear juntos mañana mismo pero siento que aún no tengo las fuerzas
suficientes para ello. Sé que aún son muchos los misterios que
encerráis mi dulce Otelo y sé cuáles son los que encierra mi alma.
Por ello, si queréis hablarme, escucharme, tendréis que hablarme de
vos, de su pasado, su pasado me interesa casi tanto como su presente.
Oh,
mi dulce y complaciente Otelo, cinco y diez segundos dedicaré a mi
cabello si así puedo comprobar que sois parte de la realidad que
conforma este mundo.
Habladme
de vuestras pesadillas en su próxima carta, yo duermo poco, es esta
apatía que me consume la que no me deja conciliar el sueño. Noche
tras noche mato horas enteras en la cama, asumiendo mis pensamientos.
Mis sueños dejaron de poder llamarse así hace años ya; hoy tan
solo pesadillas es lo que me espera cuando cierro los ojos. Trataré
de imaginaros esta noche y. quizás, quien sabe, pueda lograr soñar,
como vos, con nuestras cartas.
Quedáis
perdonado por vuestra tardanza en encender las velas, esta noche
trataré de esperaros, pero ruego que no os volváis a demorar tanto
en contestarme.
Con
un cariño que comienza a latir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario