viernes, 29 de marzo de 2013

Carta sexta

Siete del mes de Benedetti.
Buenas tardes mí estimado Otelo:
Hace unos días comencé a impacientarme al no recibir vuestra carta y temí que os hubiera pasado algo o incluso, que os hubierais cansado de escribirme. Me alegra saber que estaba equivocada en ambas, pero quisiera conocer el motivo que os ha llevado a retrasaros en contestarme.
El nombre de Zelda no me disgusta, pues jamás escuché ninguna de sus historias, así que tenéis el deber de relatarme al menos una de ellas en vuestra próxima carta y así conocer algo de aquella princesa con la que me asociáis. Aprenderé a querer este nuevo nombre por el simple hecho de que parte de aquí.
Si, ciertamente me resulta muy duro verla en ese estado, del que parece que voy bebiendo día a día. Después de todo lo que ella fue, después de la fuerza con la que se encaraba al mundo, ver su rabia tan sumisa, tan débil, tan humilde, me rompe por dentro y a ella también. Hay veces que siento como nos consumimos la una a la otra y siento que no deberíamos de estar juntas nunca más, si queremos sobrevivir.
No sabéis lo que decís Otelo, jamás habéis visto mi risa y mucho menos la habéis escuchado. ¿Quién os dice que mis dientes no se han oscurecido con los años, o peor aún, quien os asegura que no se me han caído? Aún no conocéis mi edad y puede que mi voz se haya truncado y mi risa, lejos de ser una nota cantarina sea como los chirridos de las ruedas de una locomotora. Supongo que para desvelar ese misterio tan sólo puedes esperar a que nos veamos, cuando sea el tiempo para ello.
Encantada, de vuestro brazo, pasearía por el jardín botánico con vos, porque, aunque quizás esté sólo delirando, siento que en la calle, codo a codo somos mucho más que dos. Y desearía pasear juntos mañana mismo pero siento que aún no tengo las fuerzas suficientes para ello. Sé que aún son muchos los misterios que encerráis mi dulce Otelo y sé cuáles son los que encierra mi alma. Por ello, si queréis hablarme, escucharme, tendréis que hablarme de vos, de su pasado, su pasado me interesa casi tanto como su presente.
Oh, mi dulce y complaciente Otelo, cinco y diez segundos dedicaré a mi cabello si así puedo comprobar que sois parte de la realidad que conforma este mundo.
Habladme de vuestras pesadillas en su próxima carta, yo duermo poco, es esta apatía que me consume la que no me deja conciliar el sueño. Noche tras noche mato horas enteras en la cama, asumiendo mis pensamientos. Mis sueños dejaron de poder llamarse así hace años ya; hoy tan solo pesadillas es lo que me espera cuando cierro los ojos. Trataré de imaginaros esta noche y. quizás, quien sabe, pueda lograr soñar, como vos, con nuestras cartas.
Quedáis perdonado por vuestra tardanza en encender las velas, esta noche trataré de esperaros, pero ruego que no os volváis a demorar tanto en contestarme.
Con un cariño que comienza a latir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario