martes, 12 de marzo de 2013

Carta Primera


Nueve del mes de Bécquer.
Buenas tardes:

   De antemano, desearía pediros perdón por mi atrevimiento, pero con el paso de los días cada vez se me hace más difícil vislumbraros sin poder correr hacia a vos, ya que a vos, no querría asustaros.
   Mi nombre no importa, sólo el hecho de que no he podido dejar de observaros a través de la cortina de vuestra habitación; no sois más que una sombra a la que cada noche veo peinarse, tan siquiera sé de qué color serán vuestros cabellos, pero esas manos, sus manos, tan finas y delicadas, sólo pueden ser de un ser excepcional.
   Observo siempre, desde mi ventana su puerta, y como alguien que nunca resulta ser vos, abre la puerta y saluda al panadero ¡Oh, quien fuese pan para poder tocar esas manos! ¡Quién pudiera como el pan rozar vuestros labios! Ojalá pudiera veros y hablaros... Antaño alguna vez os encontré por la ventana justo frente a mí: sonriendo y yo dije ¿cómo puede reír así?- Acaso ella se ríe, como me río yo
   A veces, me despierto en mitad de la noche, como si un rayo me quebrase y me descubro pensando en vos; ojalá supiese de qué color son vuestros ojos para poder pintar mis sueños a su antojo, ¡Oh, como desearía besar su piel, y descubrir su sabor, para buscar un ingrediente con el que aderezar todas mis comidas!... No soy más que un pobre hombre que quizás se halla fijado por accidente en la mujer equivocada, aunque ni siquiera la haya visto aún...
   Tengo miles de cosas que deciros y miles de cosas que desearía saber, desearía, si no os han abrumado mis palabras, saber de vos y si fuese posible conoceros, saber todo lo que la cortina no me deja ver...
   Si queréis hacerme llegar una carta, sólo tendréis que llevarla el martes al puesto de libros del mercado y entregársela al muchacho que encuaderna libros, él me la hará llegar.

Con  inexplicable amor.

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