jueves, 14 de marzo de 2013

Carta Segunda

Trece del mes de Bécquer  
Buenas tardes:


    Acepto sus disculpas extraño desconocido, pero no por el hecho de que su acción se parezca en algo a una acción correcta, si no porque jamás ningún hombre se dirigió a mi con tanta franqueza, ni plasmó sentimientos tan libremente en un papel. Por lo tanto, tan sólo puedo deciros que si estas son las condiciones de su afrenta no dejéis de cometerla conmigo. Me gustaría ser más diestra en este bello arte que es escribir y domando el rebelde mezquino idioma, adornar esta carta con palabras que fuesen a un tiempo suspiros y risas, colores y notas.
   Me inquieta en sobremanera el hecho de no saber como dirigirme a vos. No me parece que sea justo que usted conozca tanto de mi y sin embargo yo viva tan ignorante. De momento, su nombre para mi será Otelo, porque como a él, a usted el amor parece nublarle el juicio. Tan solo espero que nunca cometa tal acto de atrocidad con mi persona. El día que decida desverlarme su nombre, dejará de ser este su yugo, siempre que demuestre una mayor cordura que ese pobre desdichado.
   No comprendo el porqué de no hablarme, si, por lo que usted cuenta, somos vecinos y cercanos. Cada segundo que pasa se me hace más intensa la incertidumbre y el ansia por descubriros.
   Mi salud es delicada y es por ello que me resulta imposible salir a dar largos paseos como antaño. Lo echo tanto de menos.  No es nada del otro mundo lo que os perdéis, esta reclusión ha dejado mi tez pálida. Mi pelo del color del azabache ha perdido su intenso brillo de antes, y mis ojos de un azul intenso, han pasado a un gris claro. No es nada lo que os perdéis al no mirarme, al no verme más que en una sombra.
   Así que os ruego, que si mi sincera descripción os atormenta, no volváis a escribirme, ni a dirigiros hacia mi, pues no soportaría que jugaseis con mi mente, ni con mis ilusiones, ni con mis sentimientos. Pero de no ser así, de haberos agradado, aunque fueran tan solo mis palabras, hablarme de vos. Del tono de vuestra voz, de vuestra altura, de vuestro oficio. Dejadme desvelar alguno de sus misterios Otelo. Dejadme formar parte de esta ocultación.
   Esta noche apagaré la luz para peinarme, pues he de castigar su osadía de algún modo, puesto que mi contestación no hace sino incentivársela.
   Espero y no que el muchacho del mercado le haga llegar esta carta. Espero y no su respuesta.
   
Sin amor todavía, pero con mucha expectación

No hay comentarios:

Publicar un comentario